Reseña de la Obra teatral “Peces en Frascos de Mermelada”
Lo irreal parece tan real que no te dejará pensando en otro aspecto de la vidal…
Blanca Estela Hernández
¿Quién alguna vez en su vida no ha pensado las cosas antes de actuar y se ha ido de viaje repentinamente incitado por un amigo?
En la obra teatral titulada “Peces en Frascos de Mermelada”, escrita y dirigida por Alejandro Miranda, se aborda la vida de tres muchachos veinteañeros que se lanzan a la aventura en un intempestivo viaje a Islandia para ver las auroras boreales.
El joven dramaturgo hace una analogía de la vida con un documental sobre peces y todo gira en torno a ellos y a su semejanza con la realidad social e individual de muchos seres humanos.
Mediante metáforas donde peces en el imaginario también son protagonistas, los personajes Gaby, Teo y Tavo muestran los problemas existenciales que enfrentan debido a su impetuosidad y falta de planeación en sus decisiones.
En la obra presentada a la prensa en el Centro Cultural El Hormiguero el pasado 24 de enero, intervienen solo
3 actores en escena:
Daniel Aranzubia, Analú Flores y Martín Martínez.
En la trama, Analú Flores caracteriza a Gabriela, políglota y estudiante de medicina por decision de su papá que es médico, expresa que sus logros no provienen de decisiones propias, sino de sus progenitores que la controlan en todo.
Teo, personificado por Martín Martínez, es un muchacho que creció sin la compañía de su madre; sin embargo sigue bajo el control de ella aún después de muerta. Es el único de los 3 con un empleo fijo al que cuida aunque no le guste porque es el que paga sus gastos.
Daniel Arencibia, en su papel de Tavo con fama de vago, es el que arrastra a sus amigos a cometer la locura de irse a otro país, solo con pasaporte y lo que traen puesto.
Durante el desarrollo de la obra, la vida de los tres personajes se entrelaza. Todos sufren crisis existenciales, donde culpa, remordimientos y ansias de libertad se ponen de relieve.
Suicidio, identidad de género, religión y adicción a las drogas son temas que aunque son mencionados en la puesta escénica, no se tocan a profundidad.
Con remordimientos por haber actuado de esa forma, Gaby y Teo extrañan la seguridad financiera que les brinda su casa, en una clara contradicción a sus ansias de libertad.
No importa cuanto intentan evadir la realidad, al final todos la enfrentan y se encuentran a sí mismos.
Gaby decide ir en busca de lo que realmente desea y alcanzar sus sueños y no los de su padre. Teo le aconseja vivir, luego de haberse dado cuenta del intento de suicidio de parte de ella, quien aclara que no lo hizo por desearlo realmente, sino como una prueba de que ella podía controlar algo en su vida.
Teo con su fijación por la lonchera que le dio su madre poco antes de morir cuando él era pequeño, sin el pez que había metido diciéndole que los peces no estaban hechos para vivir en loncheras. En esa ocasión la madre de Teo le sentenció: “Si en verdad me amas no harás nada que pueda herirme”.
Tavo sale del clóset a través de la inconsciencia que proporcionan las drogas y revela que debido a la atracción que sintió por el empleado de una tienda de peces, quien viajó a ver auroras boreales, es que él quiso descubrir por sí mismo la experiencia vivida por el ser amado.
Allí es donde descubre su verdadera identidad de género y es precisamente ese amor el que lo hace sentir libre.
Así es como Tavo se identifica como gay, Gaby prueba la libertad y Teo es consciente de la influencia que su madre ejerce sobre él aun después de muerta.
Aunque existen enfrentamientos y discordancias entre Tavo, Gaby y Teo, al final se dan cuenta del verdadero valor de la amistad.
Peces en Frascos de Mermelada es una comedia ligera de un solo acto, escrita en prosa, cuya narrativa metodológica recrea escenas de la vida cotidiana de los adultos jóvenes para llevar a la audiencia a la reflexión interna y su consecuente participación activa.
A este intercambio participativo con el público coadyuva el manejo de la iluminación que junto con los movimientos furtivos del escenario permiten la marcación, a veces un tanto difusa, de los cambios de tiempos y espacios.
Así la luz juega un papel importante en la atmósfera engendrada con las pasiones y desasosiegos de los tres personajes.
El espacio y el tiempo están conectados igualmente por el diálogo de sus narrativas.
Mediante diversos lenguajes (analógicos, corporales, simbólicos -como la lonchera de Teo-), los actores logran conectar significativamente con las emociones y expresiones del publico.
Aunque la narrativa de la obra producida por la compañía Blah Blah Blah Creativos, permite el envío de mensajes a través de dicotomías, cumple con su esencia de creación artística y con el objetivo de divertir al público.
Igualmente cumple con la función estética de sistematizar los lenguajes de que se vale el teatro para comunicar su mensaje.
Cabe resaltar la capacidad creativa y sintética de Alejandro Miranda al presentar su trabajo en solo una hora.
Otro punto a favor del joven dramaturgo es su apuesta por el teatro al escribir esta obra en tiempos de COVID, pese al futuro incierto de las artes escénicas que fueron las primeras en ser afectadas por la pandemia.
De ahí la importancia y trascendencia de creaciones artísticas como Peces en Frascos de Mermelada por su contribución al rescate del teatro independiente mexicano que actualmente está en crisis
debido a que las nuevas y viejas generaciones están siendo atrapadas por el entretenimiento rápido, gratis e instantáneo que da el celular y las nuevas tecnologías con inteligencia artificial.
