El sargazo, el problema de una crisis ambiental global.
Cada verano reaparece con mayor intensidad
Nuevamente, como cada verano vuelve a aparecer el abundante sargazo que cubren las playas del Caribe mexicano, turistas decepcionados cancelan sus vacaciones, trabajadores limpian toneladas de algas antes del amanecer y el aire se impregna de un olor intenso a huevo podrido. Para muchos, el problema termina ahí: playas sucias y pérdidas para el turismo.
Pero la realidad es mucho más preocupante, porque. El sargazo que hoy invade Quintana Roo no nació en México ni es únicamente un problema de las costas mexicanas. Es el síntoma visible de una enfermedad que comenzó a miles de kilómetros, en las zonas donde la deforestación, la agroindustria intensiva y el cambio climático están transformando los océanos.
Hasta hace poco más de una década, la llegada de sargazo era un fenómeno natural y esporádico. Sin embargo, alrededor de 2011 comenzó un cambio sin precedentes: enormes cantidades de esta macroalga empezaron a desplazarse desde el Atlántico tropical formando un gigantesco cinturón que hoy alcanza miles de kilómetros y puede observarse desde el espacio.
Los científicos coinciden en que no existe una sola causa de este tipo de contaminación. El calentamiento del océano y el aumento de la temperatura superficial crean condiciones ideales para el crecimiento de sargazo. Pero existe otro factor menos conocido y probablemente más determinante: la enorme cantidad de nutrientes que los seres humanos estamos vertiendo al mar.
El investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, Martín Merino, explica que las algas necesitan únicamente tres cosas para crecer: agua, luz y nutrientes, principalmente nitrógeno y fósforo.
Cada lluvia arrastra fertilizantes ricos en nitrógeno y fósforo hacia los ríos. Esos ríos —especialmente el Amazonas y el Orinoco— terminan descargando millones de toneladas de nutrientes al océano Atlántico.
A ello se suma otro problema igual de grave: las aguas residuales urbanas e industriales que llegan al mar sin tratamiento suficiente. Y que provocan que este fenómeno no termine nunca, afectando gravemente el ecosistema.
