El regreso al mundo de los negocios pinta ‘muy negro’ para Trump
El mismo día que se concretó un nuevo juicio político contra Donald Trump en Washington, el vestíbulo de su torre en el número 40 de Wall Street, en Nueva York, estaba casi en silencio. Pocos pasos mancharon el brillante mármol.
Pero en los ascensores oscuros y dorados, problemas se estaban agitando en una de las propiedades más valiosas del multimillonario. Dentro de una oficina de abogados, dos socios se habían enfrentado sobre si seguir pagando el alquiler a un propietario que alentó los disturbios mortales del Capitolio. En el piso 24, una organización sin fines de lucro que lucha contra la tuberculosis estaba explorando opciones para dejar el edificio, mientras que en el piso 7, las Girl Scouts estaban averiguando cómo romper su contrato de arrendamiento.
Y en el sótano, las antiguas puertas de las bóvedas de los bancos que pesaban más de 10 toneladas estaban abiertas de par en par. Allí, en un salón del club que Trump renovó, la noticia se transmitía en un televisor gigante a una audiencia de sillones vacíos justo cuando el Congreso votaba en su contra.
Así vive el imperio de Trump los últimos días de su presidencia.
La Organización Trump, dirigida por sus hijos Eric y Donald Jr., estaba luchando con las devastadoras consecuencias de la pandemia del COVID-19 incluso antes de que su padre incitara un ataque al Congreso. Los esfuerzos para vender su hotel en Washington fueron archivados, sus edificios de oficinas estaban perdiendo valor en medio de un exceso de espacio en Manhattan, y sus campos de golf ya enfrentaban la realidad de que las generaciones más jóvenes no están tan interesadas.
Trump valía cerca de 3 mil millones de dólares cuando asumió la Presidencia de Estados Unidos. A pesar de los altos precios de las acciones y sus propios recortes de impuestos, dejará el puesto siendo cerca de 500 millones de dólares más pobre, según el Índice de Multimillonarios de Bloomberg.
