Leo Zuckermann

La CIA combatiendo a los cárteles en territorio mexicano

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Lo que me parece más importante del affaire Chihuahua es que los agentes estadunidenses que participaron en el operativo para desmantelar un narcolaboratorio en ese estado eran de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).  

Esto quiere decir que el gobierno estadunidense va en serio en el combate contra los cárteles mexicanos. Su designación como “organizaciones terroristas internacionales” (FTO, por sus siglas en inglés) no ha sido meramente retórica con fines propagandísticos. Al haberlas considerado de esta forma, el vecino del norte abrió la puerta para que organizaciones militares y de espionaje, como la CIA, se involucren directamente en su combate. 

En febrero de 2025, el gobierno de Trump designó como FTO a seis cárteles mexicanos: Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Unidos, del Noreste (antes Los Zetas), del Golfo y La Nueva Familia Michoacana. Ya no se consideran como organizaciones criminales, sino terroristas que amenazan la seguridad nacional de Estados Unidos. 

En este sentido, el gobierno estadunidense puede congelar los activos no sólo de los miembros del cártel, sino de todos aquellos que los apoyen, incluyendo intermediarios financieros, como los bancos. 

Siendo terroristas, la ley estadunidense tiene un alcance extraterritorial. Ese país puede perseguir a personas en el extranjero y solicitar extradiciones con mayor facilidad. La jurisdicción de los fiscales estadunidenses se amplía a todo el mundo. 

Como enemigos de la “seguridad nacional”, las organizaciones gubernamentales de Estados Unidos pueden realizar operaciones de inteligencia más agresivas y realizar acciones militares unilaterales, tal como hicieron en Venezuela, donde acusaron a su presidente, Nicolás Maduro, de ser miembro de un cártel denominado como FTO, justificando, así, el operativo militar para extraerlo de territorio venezolano y llevárselo a ser juzgado en Nueva York. 

Que dos o cuatro agentes de la CIA hayan participado en un operativo del gobierno de Chihuahua para desmantelar un meganarcolaboratorio demuestra que Estados Unidos ya está aplicando la legislación antiterrorista para los cárteles mexicanos. 

Anteriormente, la CIA no solía involucrarse en el tema del combate al narcotráfico. Al revés, en ocasiones utilizaba la ayuda de los cárteles para operaciones encubiertas. 

Ahí está la revelación, por ejemplo, del exagente de la DEA, Héctor Berrellez, quien ha afirmado que la CIA utilizaba a narcotraficantes mexicanos para financiar operaciones encubiertas en Centroamérica, particularmente en contra de los sandinistas en Nicaragua durante la presidencia de Ronald Reagan. Enrique Kiki Camarena, agente de la DEA, habría descubierto estos vínculos y por eso lo habrían mandado matar. Obviamente, no existe evidencia judicial de esta teoría, pero suena factible por el tipo de trabajos que hacía la CIA en ese entonces. 

De hecho, cuando ocurrió el escándalo Irán-Contras, se descubrió que, como el Congreso estadunidense había prohibido el financiamiento de los grupos que combatían a los sandinistas (los llamados “contras”), la CIA ayudó a estos grupos a financiarse por medio de redes involucradas en el tráfico de cocaína. 

Y, durante la guerra en Vietnam, la CIA apoyó a fuerzas locales de ese país y Laos involucradas en la cosecha y comercialización de opio. A cambio de este apoyo, la agencia habría realizado operaciones logísticas con ellos con el fin de apoyar la lucha del Ejército estadunidense en la región. 

Hoy, esa misma agencia cambió sus prioridades y está directamente involucrada en el combate de los cárteles del narcotráfico, ahora declarados como FTO por el gobierno estadunidense. 

Que la CIA esté realizando estas labores es una mala noticia para el gobierno de México. Sus agentes son, por definición, espías que recaban y analizan información utilizando fuentes confidenciales, pero también realizan operaciones encubiertas en el extranjero (la legislación estadunidense prohíbe hacerlo en su territorio). Por razones obvias, el gobierno de ese país, oficialmente, siempre niega estas intervenciones. 

No sabemos lo que los dos agentes de la CIA (más otros dos que supuestamente también participaron, según el LA Times) hicieron en el operativo de Chihuahua. Si no hubieran muerto en el accidente carretero, nunca nos hubiéramos enterado de su presencia. Hoy, gracias a eso, sabemos que la CIA ya está operando en México en temas de combate al narcotráfico. 

Conociendo cómo opera esta agencia, estamos viendo, me parece, el comienzo de una historia que tensará mucho la relación bilateral entre México y Estados Unidos.